Sobre este artículo:

Hueso Palatino

El hueso palatino se compone fundamentalmente de dos porciones: una porción horizontal y una vertical, con dos caras y cuatro bordes cada una de ellas.
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¿Qué es el Hueso Palatino?

El hueso palatino, también conocido como hueso del paladar, forma parte de los huesos de la cara que, junto a los huesos del cráneo, protegen y sostienen los órganos del sentido de la vista, el gusto, el olfato, la audición y el equilibrio.

Forma del Hueso Palatino

Se trata de un hueso plano, corto y profundo, que se encuentra situado justo encima del maxilar superior, y que forma parte del paladar de la boca, de donde le viene el nombre. Y es que “palatino” significa precisamente eso: “paladar”.

Tiene forma compacta e irregular, y además es doble, es decir, está compuesto por dos huesos en forma de “L” que contribuyen a formar las tres cavidades del cráneo: la cavidad nasal con las dos fosas nasales, la boca en su techo y la parte inferior de la órbita del ojo. Asimismo, interviene en la formación de la fosa pterigopalatina y de la pterigoidea.

Al igual que el resto de elementos que componen el rostro, el palatino se encuentra rodeado por una serie de huesos con los que se articula. Estos son: el maxilar superior, antes citado, el frontal, que forma parte del cráneo, el hueso vómer; el cornete nasal inferior, el esfenoides y, sobre todo, el etmoides que, debido a que se encuentra justo pegado a las fosas nasales, funciona como caja de resonancia cuando hablamos o articulamos sonidos.

Función del Hueso Palatino

Pero la composición del hueso palatino y su función con respecto al resto de huesos citados es algo más compleja, y para entenderlo y desglosar cada uno de los componentes con los que se articula, es necesario comprender que está formado por dos láminas: una horizontal y otra vertical.

Lámina Horizontal

La horizontal se encuentra compuesta, a su vez, de dos caras: la nasal, que es superior y forma parte del piso de la cavidad, y la cara palatina, que es inferior y, al contrario que la anterior, rugosa, y contribuye a formar la bóveda del paladar. Además, consta de cuatro bordes.

Uno de ellos es el medial, que se une con el palatino por el lado opuesto y presenta por arriba la cresta nasal. Es allí donde se articula el hueso vómer, contribuyendo a la formación del tabique. Otro de los bordes, denominado anterior, es delgado y rugoso, y se articula con el borde posterior de la apófisis palatina del maxilar; por último se encuentra el borde posterior, que sirve de inserción al paladar blando.

Lámina Vertical

Por su parte, la lámina vertical es larga y delgada y se une a la horizontal en ángulo recto. Posee una cara maxilar en la que se encuentran tres zonas diferenciadas: una anterior, rugosa, que junto al maxilar forma el surco palatino mayor; una posterior, de la misma rugosidad, que se articula con la apófisis pterigoides; y una superficie lisa que se encuentra justo entre ambas zonas y que forma la pared medial de la fosa pterigopalatina.

Crestas del Hueso Palatino

La otra de sus caras, denominada nasal, presenta dos crestas: la etmoidal, que se articula con el cornete nasal medio, y la cresta de la concha, que se articula con el cornete inferior. Ambas limitan con la pared lateral del meato medio.

Bordes del Hueso Palatino

En cuanto a sus bordes, encontramos uno anterior, delgado, que deja entrever una lámina que contribuye a cerrar la parte posterior del hiato maxilar; otro posterior, que se articula con la apófisis pterigoides; otro inferior que, al unirse al borde lateral de la lámina horizontal, forma la apófisis piramidal del palatino; y, por último, un borde superior que presenta en su parte media la escotadura esfenopalatina que, al cerrarse con el esfenoides, da paso al nervio y a los vasos esfenopalatinos y comunica la fosa pterigopalatina con la cavidad nasal.

Asimismo, cabe destacar que en la unión entre las láminas horizontal y vertical se encuentra el proceso piramidal, en el que se pueden observar los orificios de los canales palatinos menores. Por su cara posterior cierra la incisura pterigoidea por abajo, colocándose como si fuera una cuña entre la tuberosidad del maxilar y el proceso pterigoideo del esfenoides, cerrando a su vez, también por abajo, la fisura pterigomaxilar.

Sin embargo, el palatino no solo se articula con otros huesos, sino que también funciona como punto de inserción de algunos músculos como el palatoestafilino, el faringoestafilino, el periestafilino, los pterigoideos y el constrictor de la faringe.

Patologías a causa del Hueso Palatino

labio leporino

Asimismo, resulta interesante mencionar que existe una patología común relacionada con este hueso llamada labio leporino, que se da en los recién nacidos. Consiste en una fisura en la parte superior del labio, generada por un mal desarrollo en la fase embrionaria, donde las láminas horizontales de los huesos palatinos no se juntan como deberían, dando la sensación de que el labio ha quedado incompleto.

En el caso de que afecte también a la zona del paladar, pasa a denominarse “fisura del paladar” y con el tiempo puede llegar a causar dificultades en el habla, problemas para tragar e incluso una mayor tendencia a infecciones de oído que podrían conducir a una pérdida de audición.

Por fortuna, es una patología que tiene cura, y los cirujanos recomiendan corregirla cuanto antes, a ser posible en las primeras semanas de vida, entre los doce y dieciocho meses de edad, cuando el niño todavía no ha empezado a hablar.

Te dejamos un vídeo interactivo en el que se muestra información sobre el hueso palatino.